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viernes, 7 de mayo de 2010

Caso del velo islámico

... Reconozco que el tema que voy a abordar ahora me rebosa en cierta manera, no se como posicionarme, sinceramente. Será cosa de la juventud, las opiniones aún no están bien formadas... o tal vez sea que el caso es tan novedoso que tengo que hacer una lucha interna conmigo mismo para ver qué mentalidad acepto.

La cuestión es que hace unos días hubo un tenso debate social alrededor de un caso de una joven menor de edad, española, que acudía a clase en un colegio de Pozuelo de Alarcón con el velo islámico. Las normas del colegio son que ningún alumno puede estar en clase con nada que le cubra la cabeza o el rostro, véase gorra, palestina hasta la nariz, pamela o boina.

La niña, musulmana de origen marroquí, se negó a obedecer la norma porque afrenta a sus convicciones religiosas... ¿la niña? ¿o tal vez, como creo yo, se utilizó ese hecho para que la sociedad islámica disputase un nuevo pulso a España? Lo cierto es que la niña sufrió mucho, como reconocían sus amigas, mientras su padre se propagaba por los medios gritando "¡Escándalo! No hay libertad de creencia". Y a la par las mezquitas madrileñas eran un hervidero de indignación. 

Me pongo a reflexionar y me cuesta valorar una opinión. Sobre todo me ha confundido más el hecho de intentar extrapolar este caso para aislarlo del contexto islámico, por si influyeran en mí algunos prejuicios.

Por un lado yo, como persona católica, pido que se me respete a mi y a mis tradiciones. Y desde esa posición veo que la gente que sigue la doctrina islámica, la mayoría de ellos muy respetuosos con su religión (lástima que algunos se excedan en su interpretación), tenga derecho a seguir sus tradiciones de culto en España siempre y cuando se limiten a la libertad individual. Desde esta óptica pues pienso que se debería permitir que en cualquier espacio una persona pudiera adoptar decisiones individuales siempre y cuando no sean demasiado radicales. Es decir, jamás permitiría que en cualquier espacio, público o privado, una mujer tuviera que soportar llevar burka, por mucho que ellas luego defiendan que lo hacen por convicción y en libertad. Es denigrante y hay que abolirlo. O tampoco permitiría que fuera a clase un chico que se pone chinchetas en la cabeza, porque atenta contra su propia salud.

No obstante ¿hasta qué punto hay libertad individual en el hecho de que una niña de secundaria lleve velo, y no es una consideración impuesta por sus padres o entorno? 

Desde esta óptica considero mi opinión final. Dejemos libertades individuales, pero limitémosla. Especialemente los menores de edad, pero todo el mundo en general, debe regirse por las normas sociales que construyen la Sociedad. Si esta chica quiere realmente llevar velo, que lo lleve, pero en clase se lo quita si esas son las normas establecidas. No se está menospreciando su religión, se está aplicando una norma, ni más ni menos.

Para evolucionar como sociedad se han tenido que hacer concesiones, y una de los factores que ha sido siempre más restrictivo para el hombre (entiéndase como hombre/mujer) ha sido la religión. No en sí la religión, doctrina de incuestionable valor, sino la interpretación y sobre todo la sumisión a ella. 
La religión debe ser para mi un espíritu de libertad de conciencia por el que cada individuo tiene la libertad de alcanzar por él mismo al Dios que busca. Todo lo demás, lo que se impone, lo que se obliga, debe desaparecer.
En Occidente, hace pocos años, la religión seguía dominando a los hombres, pero el cambio llegó cuando alguien se negó, y se completó cuando la gente empezó a reirse de Dios. Se quitaron los crucifijos de las escuelas, las mujeres no tenían que llevar más velo (recuerdo que también ha existido el velo católico, nuestras abuelas lo llevaban), y la sociedad abrió la mente hacia una libertad real e individual que es el gran logro del siglo XX.

En el año 2010, al menos en España, la sociedad ha vencido a la religión, pero no debe considerarse la religión católica exclusivamente. No seamos buenistas, ninguna religión puede ahora reivindicarse por encima de la ley o la costumbre social en España. Por ello creo creer que mi posición es que no hay que hacer concesiones a las religiones, ni al Islam ni a ninguna, si es un estado laico el que se promueve me parece bien, pero que no se convierta esto en una venganza histórica contra la Iglesia católica y se esté dando manga ancha a otras confesiones. Las normas se han establecido, se cumplen y punto. 

La religión es un sentimiento y una devoción perfectamente asumible en lo privado, en lo íntimo. Y no solo eso, sino que entendiendo la religión así quienes realmente creen tienen un valor añadido, porque lo hace auténtico, y no se limita a un dejarse-llevar por la costumbre general o someterse a. 
Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios.

martes, 14 de abril de 2009

Pascua 2009, Siete Aguas


Ya está, se acabó, de nuevo en Zaragoza. Gracias a Dios pude volver a visitar ese reino fantástico en el que no pasa el tiempo y todo sigue igual llamado Siete Aguas, ese mundo oculto donde seres de distintos y múltiples territorios nos encontramos para convivir en armonía, amistad y fe. ¿El motivo? No importa mucho, siempre es mágico visitar ese Narnia, pero esta vez viajábamos para celebrar la Semana Santa, la entrega de Jesús, su muerte y su resurrección, esa historia que no por mucho conocer, el final deja de ser apasionante.
Volví anoche de Valencia con una fe tan poderosa como para expulsar demonios y mover montañas, aunque tal vez dentro de unos días mi fe solo vuelva a ser suficiente para espantar ratas y mover la escoba con las que encorrerlas. Pero de momento estoy en la cresta, en ese sube y baja de la fe.
El lema de esta Pascua era "Me amó y se entregó por mi". Me gusta más que "Se entregó por nosotros" porque es una apelación más personal a cada uno, una afirmación de que cada uno de nosotros somos proyecto de Dios.
En general la Pascua ha sido diferente a la de otras veces. No se a ciencia cierta cuantos éramos pero creo que unos cuarenta, tal vez algunos más contando misioneros y misioneras. La principal particularidad de esta es que a los jóvenes se nos ha dado un especial protagonismo en la propia organización de la convivencia, y varios de nosotros hemos podido presentar nuestro testimonio, dirigir algunas dinámicas o preparar algunos juegos. Como opinión mía, me parece genial porque es una forma de reconocer el camino que venimos recorriendo desde hace tiempo, como si fuésemos polluelos a los que ya se nos deja empezar a volar, y para el resto de convivientes un joven, un amigo, alguien cercano, puede empatizar más con ellos.
Tal vez he echado de menos algo más de tiempo libre, o quizás es que no he sabido administrármelo correctamente, pero me hubiera gustado conocer mejor a muchas personas con las que no he podido tener apenas trato. Aunque no se qué esperaba, quizás no había caído en que solo eran cuatro días mal contados.
A nivel espiritual tardé en centrarme, pero la importancia de lo que se celebraba me obligó a ponerme las pilas. Otra bonita experiencia de Dios que sumé a la lista.
También tuve el honor de organizar y presidir la fiesta del último día para los jóvenes con actividades de karaoke, concursos culturales y habilidades. Creo que salió bien, al menos así me lo hizo saber la gente.
Al final las despedidas siempre son dolorosas pero menos en Siete Aguas, donde cuando regresemos las conversaciones seguirán donde las dejamos, exactamente igual. Allí nunca pasa el tiempo, la amistad jamás marchita y Dios habita entre sus muros.

jueves, 12 de marzo de 2009

"Reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti" (S. Agustín)

Que Barack Obama es un presidente atípico por muchos aspectos lo sabemos todos, pero quizás no tantos conocemos su gran espiritualidad. El primer afroamericano presidente de los Estados Unidos de América, hijo de un padre musulmán ateo, una madre agnóstica y nieto de metodistas, organizó hace unos días un desayuno con periodistas para celebrar juntos una oración. Escuchar su testimonio como presidente me parece de una valentía y una moralidad que tristemente sería utópica imaginar en nuestro país o incluso en la mayoría de las presidencias del mundo. A continuación os dejo la traducción de esta lúcida reflexión sobre la fe:

Afirmaciones del Presidente Barack Obama

Desayuno Nacional de la Oración

Jueves, Febrero 5, 2009

Washington, DC


Buenos días. Quiero agradecer a los organizadores de este desayuno, los Representantes Heath Shuler y Vernon Ehlers. También quisiera agradecer a Tony Blair por venir hoy, así como a nuestro Vicepresidente, Joe Biden, a miembros de mi Gabinete, miembros del Congreso, clérigos, amigos y dignatarios de diversas partes del mundo.


Michelle y Yo nos sentimos honrados al compartir con ustedes nuestra plegaria de esta mañana. Sé que este desayuno tiene una larga historia en Washington, y como la fe ha sido siempre una fuerza orientadora en nuestra vida familiar, nos sentimos como en casa, y esperamos mantener esta tradición activa durante el tiempo en que estemos aquí.

Es una tradición que según me han dicho, comenzó en la ciudad de Seattle. Transcurría el momento culminante de la Gran Depresión, y la mayoría de la gente se encontraba sin trabajo. Muchos cayeron en la pobreza. Algunos lo perdieron todo.

Los líderes de cierta comunidad hicieron todo lo posible por aquellos que estaban sufriendo en aquel lugar. Y luego decidieron hacer algo más: comenzaron a rezar. Independientemente de cual fuera la parcialidad o afiliación religiosa a la que perteneciera cada uno. Simplemente se reunieron una mañana como hermanos y hermanas para compartir una comida y para hablar con Dios.

Esos desayunos rápidamente se diseminaron por todo Seattle, y luego por distintas ciudades y pueblos a través de América, hasta llegar a Washington. Y poco tiempo después que el Presidente Eisenhower pidiera a un grupo de Senadores si podían acompañarlo en su desayuno de oración, se convirtieron en un evento nacional. En el momento actual, al ver aquí presidentes y dignatarios de todas partes del mundo, se me hace evidente que esta es una de las raras ocasiones que aún es capaz de reunir a gran parte del mundo en un momento de paz y buena voluntad.

Cuento esta historia porque con demasiada frecuencia hemos visto que se utiliza la fe como herramienta para dividir a unos de otros; como una excusa para el prejuicio y la intolerancia. Se han emprendido guerras. Se han ejecutado inocentes. A lo largo de los siglos, religiones enteras han sido perseguidas, siempre en el nombre de lo que se cree correcto.

Sin duda la misma naturaleza de la fe muestra que nuestras creencias nunca serán iguales. Leemos diferentes libros. Seguimos diferentes mandatos. Estamos suscriptos a diferentes relatos acerca de cómo fue que llegamos aquí, y adonde iremos luego, - y algunos no profesan absolutamente fe alguna.


Pero independientemente de aquello en que elijamos creer, recordemos que no existe ninguna religión cuyo credo central sea el odio. No existe Dios que consienta la eliminación de seres humanos inocentes. Esto lo sabemos muy bien.

Sabemos también que a pesar de nuestras diferencias, hay una ley que vincula a las grandes religiones. Jesús nos dijo “ama a tu prójimo como a ti mismo”. La Torah ordena: “aquello que sea malo para ti, no lo hagas a tus semejantes”. En el Islam, hay una enseñanza que afirma: “ninguno cree realmente hasta que desea para su hermano lo mismo que desea para si”. Y lo mismo vale para los Budistas, los Hinduistas, los seguidores de Confucio y para los humanistas. Es, por supuesto, la Regla de Oro – la propuesta que nos invita a amarnos, a entendernos, a tratar con dignidad y respeto a todos aquellos con quienes compartimos un breve momento en esta tierra.

Es una regla antigua, una regla simple, pero también uno de los mayores desafíos. Porque pide de cada uno de nosotros que tomemos responsabilidad por el bienestar de gente que tal vez no conocemos ni admiramos y con quienes tal vez no coincidimos en todo. A veces, nos pide que nos reconciliemos con acérrimos enemigos, o que resolvamos viejas disputas. Y eso requiere una fe activa, vital, y fervorosa. Requiere no sólo que creamos, sino que actuemos – para dar algo de nosotros para beneficio de otros y la construcción de un mundo mejor.


De este modo, la fe particular que nos motiva puede promover un bien mayor para todos. En lugar de separarnos, nuestras variadas creencias pueden unirnos en la intención de alimentar al hambriento y confortar al afligido; en la intención de llevar paz donde hay conflicto y reconstruir lo que ha sido roto; para levantar a aquellos que han caído en un tiempo de dificultad. Esta no es sólo nuestra obligación como personas de fe, sino también como ciudadanos de América, y será el propósito de la Oficina de la Casa Blanca para Asociaciones Religiosas y Vecinales, que anunciaré más adelante en el día de hoy.


El objetivo de esta oficina no será otorgar beneficios a favor de un grupo religioso sobre otros – ni tampoco el beneficio de grupos religiosos sobre aquellos que no lo son. Será simplemente el de facilitar el trabajo de aquellas organizaciones que trabajan para el beneficio de nuestras comunidades, y hacer eso sin borrar la línea que nuestros fundadores sabiamente trazaron entre iglesia y estado. Este trabajo es importante, porque ya se trate de un grupo que asesora a familias amenazadas por el desalojo, o de grupos de fe que proveen capacitación laboral a quienes están desempleados, pocos se encuentran tan cerca de lo que ocurre en las calles y vecindarios que estas organizaciones. La gente confía en ellas. Las comunidades creen en ellas. Y nosotros las vamos a ayudar.


Trataremos también de alcanzar a lideres y estudiantes en todo el mundo para cultivar un diálogo pacífico y productivo en torno al tema de la fe. No espero que las diferencias desaparezcan de la noche a la mañana, ni tampoco creo que las antiguas perspectivas y los conflictos vayan a evaporarse repentinamente. Pero sí creo que si podemos hablar con el otro abierta y honestamente, tal vez las viejas grietas comenzarán a ser reparadas, y nuevas sociedades comenzarán a emerger. En un mundo que se hace más pequeño cada día, tal vez podamos ir dejando afuera a las destructivas fuerzas del fanatismo, haciendo lugar para el sano poder del mutuo entendimiento.

Esta es mi esperanza. Esta es mi plegaria.


Creo que este beneficio es posible porque mi fe me dice que todo es posible, pero también creo en base a lo que he visto y he vivido.

No me crié en una casa particularmente religiosa. Tuve un padre que nació Musulmán pero se volvió ateo, abuelos Metodistas y Bautistas no practicantes, y una madre que no creía en la religión organizada, a pesar de ser la más bondadosa y espiritual persona que jamás he conocido. De niño ella me enseño a amar y a comprender, y a tratar a otros como quisiera que me trataran a mi.


No me convertí en Cristiano sino muchos años después, cuando me trasladé a la Zona Sur de Chicago luego de la secundaria. No fue por adoctrinamiento ni por una súbita revelación, sino porque pasé mes tras mes trabajando con gente de la iglesia que simplemente quería ayudar a los vecinos que estaban pasando por un mal momento – sin tomar en cuenta qué aspecto tenían, o de dónde venían, o a quién dirigían sus oraciones. Fue en esas calles, en esos vecindarios, donde por primera vez sentí el espíritu de Dios llamándome. Fue allí donde me sentí llamado para un propósito superior – Su propósito.


En diferentes caminos y de diferentes formas, es ese espíritu y esa sensación de propósito lo que guió a los amigos y vecinos de aquel primer desayuno de oración en Seattle, hace tanto tiempo, en otro período de prueba para nuestra nación. Es lo guía a amigos y vecinos de tantas naciones y confesiones hacia aquí el día de hoy. Venimos a compartir el pan y a dar gracias y a buscar orientación, pero también a fortalecer nuestra dedicación a la misión de amor y servicio que yace en el corazón de toda la humanidad. Como San Agustín dijo una vez: “Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”.

Así que recemos juntos esta mañana de Febrero, pero trabajemos juntos también todos los días y meses que tenemos por delante. Porque es sólo a través de la lucha y el esfuerzo común como hermanas y hermanos, que cumpliremos nuestros mayores destinos como criaturas amadas de Dios. Les pido que se unan a mi en ese esfuerzo, y también les pido que recen por mi, por mi familia, y por la continua perfección de nuestra unión. Gracias

lunes, 22 de diciembre de 2008

"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (Col 2,7)

Este verano se supo que Madrid ha sido designada por el Santo Padre como sede para la Jornada Mundial de la Juventud de 2011. Hace poco también se descubrieron las fechas: del 16 al 21 de agosto. Y ahora se conoce el lema: ""Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (Col 2,7)

La frase elegida por Benedicto XVI es un texto de San Pablo en su epístola a los Colosenses. Tiene una marcada dimensión cristológica y apostólica.

El Santo Padre ha fijado ya los temas de las tres próximas Jornadas Mundiales de la Juventud, en modo de favorecer el itinerario espiritual que culminará con la celebración internacional prevista en Madrid (España), del 16 al 21 de agosto de 2011.

- XXIV Jornada Mundial de la Juventud (2009)
«Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo» (1Tm 4, 10)

- XXV Jornada Mundial de la Juventud (2010)
«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 17)

- XXVI Jornada Mundial de la Juventud (2011)
«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cfr. Col 2, 7)

2011 es un año que tengo ya marcado con luminosos. Ese verano primero viajaré a París, y a la vuelta este gran encuentro. No sólo disfrutaré, si Dios quiere, de esta reunión de miles y miles de jóvenes que no ocultamos nuestra fe, sino que también celebraremos la fiesta mundial de la Familia del Verbum Dei para esas fechas. No tuve la oportunidad de viajar a Colonia ni a Sidney, al contrario que varios amigos míos, pero esta vez la Jornada Mundial de la Juventud llega a España, llega a casa, seremos buen anfitrión.

martes, 9 de diciembre de 2008

Convivencia de jóvenes: GRACIAS A TODOS

Este puente de la Inmaculada Concepción de la Virgen María he gozado de una convivencia de jóvenes en el barrio rural de San Gregorio. La convivencia se ha enmarcado dentro del carisma del Verbum Dei.
Hace poco más de un año los jóvenes de Zaragoza del Verbum Dei, que hasta la fecha nos reuníamos sólo en verano y Semana Santa con el resto de jóvenes de la fraternidad a nivel nacional, quisimos traer a nuestra ciudad la alegría y la alimentación espiritual de la que éramos partícipes en esos eventos. Por ello, hablando con los responsables de la fraternidad en la ciudad y con otros misioneros y misioneras, conseguimos organizar en abril la primera convivencia de jóvenes del Verbum Dei en Zaragoza, en el colegio Cristo Rey. Fuimos casi 20, todos de aquí.
Pero queríamos seguir creciendo. Y lo hemos hecho.
Los jóvenes zaragozanos del Verbum ideamos ya en verano una convivencia para este puente y desde entonces hemos quedado varios viernes o domingos para prepararla. Invitamos a muchísima gente de entre 13 y 25 años y, este vez, no sólo de Zaragoza sino también de Valencia, Mallorca, Barcelona, Bilbao, Salamanca, Madrid, Burgos, Granada o Sevilla. Muchos se interesaron, muchos de ellos vinieron.
De la convivencia han disfrutado más de 30 jóvenes de Zaragoza, Madrid, Barcelona, Salamanca, Valencia y Mallorca. Fueron recibidos la mayoría ya el viernes por la tarde/noche y despedidos a lo largo del día de ayer.
Es un gozo tremendo vivir en semejante clima de hermanamiento y fraternidad. El Verbum Dei, en esencia, es una familia cristiana en la que todos nos sentimos parte fundamental para su desarrollo. Una familia en la que crecemos en Cristo como personas con valores. Una familia en la que nos divertimos y jugamos. Una familia de la que me siento orgulloso. Gracias a todos.

jueves, 23 de octubre de 2008

Señor, qué cruz

¡Señor, qué cruz! Con la Iglesia hemos topados, aunque esta afirmación, en este caso, puede ser engañosa. Algo de religión hay porque el tema versa sobre un seminario y una cruz, pero el sacerdocio no es la meta final que de esto se desprende. La cruz es la de San Jorge, la de Aragón, la de cada una de las provincias de nuestra tierra, la que la SD Huesca ha querido honrar en su camiseta. Y el seminario del que hablamo no es el lugar de docencia para vocaciones religiosas sino, atención a la palabrota, el Seminario Permanente sobre Migraciones Internacionales y Extranjería ¡toma ya!.
¿Y esto, qué carajo es? El Seminario Blablablá es un espacio abierto de Interculturalidad y Derechos Humanos, que surge de un convenio en el participan el Colegio de Abogados, la Facultad de Derecho y el Gobierno de Aragón ¡la propia DGA!.
Los directores son Pascual Aguelo y Ángel Chueca. Sus iniciativas -que reúnen a cerca de sesenta o setenta personas- abren vías de investigación en cuestiones vinculadas fundamentalmente a los emigrantes, aunque sus tesis no son necesariamente suscritas por quienes firman el convenio. ¿Mande? Bueno, algo de juececillos. Ya saben que se necesita dar salida a los fondos públicos y pagar salarios a cualquiera (que no me oigan decir eso).

Bueno, pues vamos a la chicha. Este Seminario Blablablá se ha dirigido "con todo respeto" a la SD Huesca para advertirle que el uniforme de respeto, con la cruz de San Jorge, "contraviene la normativa antiviolencia de la FIFA". La sorprendente iniciativa de este organismo incluye también una consulta a la UEFA y a la FIFA para "aclarar la compatibilidad de la indumentaria deportiva de la SD Huesca con la normativa antiviolencia del máximo organismo internacional". Los promotores de esta patraña explican que "la utilización de signos religiosos fue prohibida por la FIFA en el año 2007, entre otras medidas, con el fin de erradicar la violencia y garantizar la no discriminación por motivos de índole religiosa". En fin... ¡Señores! Menos mal que anda el Seminario Blablablá por aquí para protegernos de la violenta afición de la Sociedad Deportiva Huesca... ya saben el amplio número de ultras que tienen. Está claro que usan la cruz de San Jorge con fines malévolos e incitan a la violencia... ¡¡Pero en qué cabeza entra!!

La respuesta a este asunto la voy a coger prestada de la web oficial del club deportivo, que viene a decir algo así como que calladitos están más guapos y que no toquen las pelotas (de fútbol, claro): "
La Sociedad Deportiva Huesca se ha visto sorprendida con determinadas sugerencias relativas a su segunda equipación, la Cruz de San Jorge al pecho, que vienen suscritas por un Seminario Permanente sobre Migraciones Internacionales y Extranjería de Aragón. A los propietarios de tan largo nombre (XD, primer palo), ante la amenaza que profieren de dirigirse a la Sociedad Deportiva Huesca, les instamos a que no perpetren tal llamada (segundo palo). No necesitamos que nos expliquen que significa la Cruz de San Jorge (tercer palo). Ni que significa la Cruz. (cuarto palo) Lo sabe sobradamente nuestra Institución y está muy orgullosa de añadir su simbolismo a nuestra historia. (quinto palo) Es el mismo orgullo con el que llevamos por España un emblema de Huesca, del Altoaragón, de Aragón: la Cruz de San Jorge. Encontrar violencia en la camiseta del Huesca no puede partir sino de quien ya tiene graves problemas para diferenciar lo limpio de lo sucio (XD, qué grandes, sexto palo)".

Bueno, pues eso, que si ahora resulta que poner un distintivo histórico en la camiseta del Huesca es clamar a la violencia... pues hagámosle cambiar el escudo al Barcelona, al Bolonia,
al Milan, al Genoa, a la selección de Suiza o al Celta de Vigo, que es, en sí mismo, la cruz de Santiago. Pero puestos a ponernos así, ¿por qué casi todos los equipos de países árabes recogen en el propio escudo la media luna? Impidámosle a Marruecos o a Turquía jugar con ese símbolo. O sigamos, con disparates, prohibámosle a la selección de Israel o al Maccabi Tel Aviv o al Maccabi Haifa emplear la cruz de David de los judíos.

Señores, lo que no podemos negar es la realidad histórica y religiosa y Europa tiene raíces cristianas, y eso nadie lo puede borrar. La historia de Europa se ha construido, en esencia, sobre la religión católica y protestante. Y en Aragón el símbolo distintivo desde el medievo es la tradicional cruz de San Jorge, que está presente en las tres banderas provinciales y en el propio escudo de nuestra tierra. Utilizar este elemento es pregonar con orgullo la historia de Aragón y creo que nadie había visto motivaciones religiosas en esta equipación ¿por qué? porque no las tiene. Pero este organismo tenía que seguir haciendo el tonto como cuando cuestiona que un jugador se santigüe al entrar al campo, ofrezca un gol al cielo o se celebre un trofeo con la presentación al patrón.
Señores coherentes e inteligentes del Seminario Blablablá (perdón por mentir), no mezclen laicismo con ignorancia, no mezclen laicismo con anticatolicismo, no mezclen laicismo con el sinsentido y, por favor, respecto los valores, la historia y la tradición de esta Santa tierra.

martes, 21 de octubre de 2008

Vaivenes en la fe

En ocasiones la fe se sube en un vagón de montaña rusa que va sufriendo vaivenes. Es un juego de sube y baja inconsciente que poco a poco va mermando el espíritu hasta que se diluye en medio de una vorágine consumista, humanista y gamberra.
Esta tarde me estoy dando cuenta de mi alejamiento de Dios. Cuando llegué de la Pascua vine lleno de gozo, con experiencias de amor muy fuertes y con una ilusión de trasmitir ese sentimiento a los míos y configurar en Zaragoza un grupo estable de jóvenes del Verbum Dei junto a otros amigos.Ese proyecto siguió en mí presente y dió y está dando sus frutos, aunque aún está construyéndose el embrión. Sin embargo paralelo a eso volví a dejar de ir a misa todos los domingos, volví a defraudar a mis seres queridos e incluso volví a tener peleas o enfados con ellos. También volví a salir por ahí los fines de semana y a recurrir a líquidos para pasármelo bien (tampoco muy frecuente, a ver si voy a crearme imagen de borrachín).
Pero en agosto la fe volvió a inundar mi alma con el campamento y el Encuentro de Familias que disfruté en Siete Aguas (Valencia). Ese fue un momento muy especial para mí. Pero desde entonces han pasado las fiestas de mi pueblo, El Villar de los Navarros, y las fiestas de mi ciudad, Zaragoza; he vuelto a la Universidad y a salir algún fin de semana... y ese espíritu veo que se ha ido diluyendo. Ahora, por suerte, la preparación de la convivencia de jóvenes del Verbum Dei en Zaragoza me ha hecho reaccionar y darme cuenta de que, sin querer, me he dejado llevar. Es lo que tienen los vaivenes de la vida, los vaivenes de la fe, que te arrastran mar adentro sin percatarte.