miércoles, 8 de febrero de 2012

Pensando en mundos perdidos, soñando retomar la aventura



Cuando empiezo a escribir este post son las 4 de la madrugada del 8 de febrero de 2012, año del Dragón.
Quienes conocisteis el anterior diseño de este blog os acordaréis de que en mi cabecera el título principal era Soliloquios de un Noctámbulo. Con el nuevo diseño esa evidencia la he relegado a un segundo plano, pero sigue siendo cierta. Soy noctámbulo. Soy noctámbulo no por circunstancias. Soy noctámbulo no por incapacidad de conciliar el sueño a horas menos intempestivas. No. Soy noctámbulo porque quiero, porque me gusta, porque me siento cómodo. Porque la noche es mía, y sólo para mi. La noche me reconforta en el silencio y en la paz, me aparta del ruido y me regala lo que más ansío: tiempo. Tiempo para trabajar, para dibujar, para leer, para jugar, para estudiar o para escribir. Tiempo que no encuentro durante el día. Y tiempo sin barreras, que me permite alargarme en la noche hasta, si quisiera, abrazarme al alba. Duermo poco, eso sí. Pero la amarga sensación de tener que levantarme cada mañana se compensa con la agradable sensación de abandonarme a la libertad de la noche.

La noche me gusta. La noche me abre las puertas de mi yo interior. Me ayuda a pensar y a soñar, y a pensar que mis sueños no son tan sueños sazonados con la sibarita bisoñez de estas horas. Por la noche me transformo y me convierto en poeta. Mis pensamientos se ordenan y desaparecen los problemas, dejando paso a las ideas e ilusiones. Y me transporto a un yo que no deja de ser yo pero que no encuentro al desabrigo del manto de Morfeo. Soy poeta. Me siento romántico y bohemio, capaz de lo improbable y bandera de lo imposible. Por la noche soy Rey de mis propios mundos, soy el gran amante que todas desean, soy el escritor que encuentra constancia en su lucha diaria contra el folio en blanco, soy el músico que te canta con una mirada furtiva y soy el profeta que sabe, que anuncia y que acierta. Soy poeta, a mi me espero. Y me agradezco cuando me encuentro, porque este yo me gusta más que el yo de horas tempranas.


Y la noche me apasiona. Me anima a soñar sin estar soñando, y a tomar decisiones de ensueño que de día no hubiera imaginado ni en sueños. Y pienso. Y pienso en mundos perdidos. Y pienso en horas perdidas. Y pienso en páginas huérfanas de un proyecto de vida que avanza en mi mente pero no sobre tinta. Mi libro. Mi hijo. Mi esencia y mi sueño. Mi sueño soñado. Mi meta y mi duelo. Mi esperanza. Mi firme promesa para con quien escribe estas lineas. Mi motivación para perder el miedo. Mi incitación para desligarme de la pereza.

Mirlan. Mirlan es mi mundo, y ahí soy omnipotente, porque es mío. Es mi aventura, la que sueño retomar. Es un mundo que cambia a cada sueño y que no deja de perfeccionarse, pero que debe convertirse en tinta. Porque es bueno. Se que es bueno. Yo soy bueno. Pero necesito tiempo... bendita seas Noche, que me lo regalas.

1 comentario:

  1. Me gusta mucho lo que escribiste, yo también tengo el mismo problema que tú y es verdad todo... ¡Felicidades!

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